En la gestión pública en salud vivimos rodeados de normas: leyes, decretos, resoluciones, directivas. Las citamos, las firmamos, las cumplimos. Pero, con los años, me he hecho una pregunta incómoda que hoy llevo también al aula: ¿conocemos realmente la jerarquía de esas normas, o simplemente las obedecemos? No es lo mismo. Quien solo obedece, ejecuta. Quien comprende el orden, decide.
Comprender la jerarquía normativa no es un asunto de abogados. Es una herramienta de gestión. Saber dónde se ubica cada norma me dice cuánto pesa, qué puede y qué no puede hacer, y a qué debe subordinarse. Sin ese mapa, un gestor puede tomar una decisión que "cumple" una resolución y, sin advertirlo, contradice una ley superior; o esperar de una directiva interna una fuerza que no tiene. El orden importa porque de él dependen la legitimidad y la seguridad jurídica de lo que hacemos.
El orden, de lo más alto a lo más específico
Pienso la normativa como una pirámide. Cada nivel se subordina al que tiene encima, y ninguno puede contradecirlo:
- Constitución y tratados de derechos humanosLa norma suprema. Todo lo demás debe respetarla.
- LeyesNormas con rango de ley, emanadas del Congreso.
- DecretosReglamentarios: desarrollan y hacen operativa la ley.
- ResolucionesDisposiciones específicas de la autoridad competente.
- Normas de interés de parteInternas o acuerdos que rigen a una entidad.
La regla es sencilla y poderosa: una norma de nivel inferior no puede oponerse a una de nivel superior. Cuando aparece un conflicto entre dos disposiciones, la jerarquía te dice cuál prevalece. Ese solo criterio evita errores costosos y decisiones que luego se caen.
Por qué esto es gestión, no formalismo
He visto decisiones bien intencionadas naufragar por ignorar este orden, y he visto a buenos gestores destrabar problemas complejos simplemente ubicando cada norma en su lugar. Conocer la jerarquía da tres cosas concretas: orden jurídico (sabes sobre qué base actúas), seguridad jurídica (tus decisiones resisten el tiempo y la revisión) y, sobre todo, mejores decisiones en salud (porque una decisión legítima y bien fundada protege mejor a las personas).
Por eso insisto, a mis estudiantes y a mí mismo, en que el derecho aplicado a la salud no es un obstáculo burocrático, sino un instrumento para decidir mejor. Comprender el orden de las normas es, al final, comprender el orden del sistema; y quien entiende el sistema está en condiciones de transformarlo. Obedecer es el punto de partida. Comprender es el que nos permite mejorar la salud de las personas con decisiones firmes, legítimas y justas.