Gestión de riesgos · Auditoría médica

Nombrar un problema no es lo mismo que redactar un riesgo.

Abrí una matriz de riesgos y encontré, otra vez, la misma línea: «Riesgo: infecciones nosocomiales». Dos palabras que nombran un problema y no permiten decidir absolutamente nada.

Por Dr. Alberto Gonzales Guzmán · Agosto de 2026
Infografía: te corrijo este riesgo — de una redacción genérica a una que incluye evento, causa e impacto
La corrección, paso a paso: evento, causa e impacto
Gestión de riesgos · Auditoría médica · Seguridad del paciente · Calidad

Hay una escena que se repite cada vez que reviso la matriz de riesgos de un establecimiento. Alguien dedicó horas a llenarla, el documento está firmado, el comité lo aprobó, y sin embargo, al leerlo, no hay una sola línea que permita tomar una decisión. Las columnas están completas. El pensamiento, no.

El ejemplo que más se repite es este:

Riesgo
«Infecciones nosocomiales.»

Dos palabras. Correctas, técnicas, pertinentes. Y absolutamente inservibles. Porque eso no es un riesgo: es el nombre de un tema. Y con el nombre de un tema no se prioriza, no se asigna un responsable, no se decide dónde poner el jabón ni a quién capacitar. Se archiva.

Las cuatro preguntas que esa línea no responde

Cuando pido a un equipo que revise una redacción así, no doy la respuesta: hago preguntas. Y suelen bastar cuatro.

Lo que falta

  • ¿Esto es el riesgo o la consecuencia? La infección es lo que pasa después. El riesgo es lo que puede ocurrir antes y lo provoca.
  • ¿Qué puede ocurrir realmente? No la categoría: el evento concreto, describible, que alguien podría presenciar.
  • ¿Por qué ocurriría? Sin causa no hay control posible. Un riesgo sin causa es un riesgo sin manija por dónde agarrarlo.
  • ¿Y si ocurre, qué se pierde? Sin impacto no hay priorización. Todos los riesgos parecen igual de graves cuando ninguno dice lo que cuesta.

La misma idea, pensada mejor

Ahora compárese con esta redacción, que dice lo mismo y sirve para todo lo contrario:

Posibilidad de transmisión de microorganismos por incumplimiento de buenas prácticas de higiene de manos y desinfección de equipos, generando infecciones asociadas a la atención, prolongación de la estancia hospitalaria y aumento de costos.

No es más larga por adorno. Es más larga porque contiene tres cosas que la primera no tenía, y cada una habilita una acción distinta:

Evento, causa e impacto

  • El evento: «posibilidad de transmisión de microorganismos». Aquí sí hay algo que puede ocurrir, y que no es todavía el daño.
  • La causa: «incumplimiento de buenas prácticas de higiene de manos y desinfección de equipos». Aquí aparece dónde intervenir, y sobre qué se puede medir cumplimiento.
  • El impacto: «infecciones asociadas a la atención, prolongación de la estancia y aumento de costos». Aquí aparece por qué esto debería estar arriba en la lista y no abajo.

Fíjese en lo que ocurrió con la primera versión: infecciones nosocomiales pasó de ser el riesgo a ser parte del impacto. No se eliminó; se puso en su sitio. Esa es, casi siempre, la corrección de fondo: lo que solemos escribir en la columna del riesgo es en realidad la consecuencia que tememos.

Por qué importa más de lo que parece

Podría sonar a manía de redactor. No lo es. Una matriz mal redactada tiene tres efectos concretos, y los he visto los tres.

Primero, impide priorizar. Si veinte riesgos están enunciados como temas —infecciones, caídas, medicación, historias clínicas—, todos parecen igual de importantes y la priorización termina decidiéndose por quién habla más fuerte en el comité.

Segundo, deja el control en el aire. A un tema no se le puede asignar un control; a una causa sí. La diferencia entre «vamos a trabajar el tema de infecciones» y «vamos a medir adherencia a higiene de manos en los cinco momentos y reportarla por servicio» es la diferencia entre una intención y un plan.

Y tercero, vuelve inauditable el propio documento. Cuando llega la auditoría —interna, de SUSALUD, de quien sea— no hay nada que verificar. No se puede auditar el cumplimiento de un sustantivo.

Una regla que cabe en una línea

A quienes empiezan les propongo esta estructura, que no es original mía y precisamente por eso funciona:

Posibilidad de [evento], debido a [causa], generando [impacto].

Es deliberadamente rígida. Al principio incomoda, porque obliga a pensar tres veces donde antes se escribía una. Pero esa incomodidad es justamente el trabajo: si no puede completar la frase, todavía no entiende el riesgo lo suficiente como para gestionarlo. Y si no lo entiende, ningún formato lo va a salvar.

Añado dos advertencias que aprendí a golpes. La primera: no confunda el riesgo con la ausencia de un control. «Falta de protocolo de higiene de manos» no es un riesgo, es una causa; el riesgo sigue siendo la transmisión. La segunda: si el impacto que escribe es «afectación a la calidad del servicio», no ha escrito un impacto, ha escrito un relleno. Diga qué se prolonga, qué se pierde, cuánto cuesta, quién se daña.

A modo de colofón

Llevo años auditando y años siendo auditado, y me he convencido de algo que al principio me habría parecido menor: la calidad de un sistema de gestión de riesgos se ve, antes que en su matriz de calor o en su software, en cómo están escritas sus frases. Porque redactar bien un riesgo no es un problema de estilo. Es la prueba de que alguien se detuvo a pensar qué puede pasar, por qué pasaría y qué nos costaría.

Un buen riesgo, al final, se reconoce por una sola cosa: ayuda a entender, a priorizar y a decidir. Si el suyo no consigue las tres, no tiene un riesgo mal redactado; tiene un riesgo que todavía no ha pensado.

Nota. Estas observaciones nacen de mi trabajo en auditoría médica y gestión de la calidad, y de revisar matrices de riesgo en establecimientos públicos y privados. La estructura de redacción que propongo es de uso extendido en gestión de riesgos; el ejemplo y los énfasis son míos. Escrito a título personal.

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