Cada vez que se habla de mejorar la salud en el Perú, aparece la misma tentación: crear más, sancionar más, fortalecer más. Y, sin embargo, he aprendido —dirigiendo hospitales y aseguradoras, y mirando el sistema desde adentro— que fortalecer no siempre significa mejorar. La Superintendencia Nacional de Salud, SUSALUD, no necesita únicamente más músculo; necesita una inteligencia distinta. La pregunta de fondo no es cuánto castiga, sino cuánto protege.
Parto de una convicción que me acompaña como principio de trabajo: un regulador eficaz no se mide por las sanciones que impone, sino por los resultados que mejora en la vida de las personas. Con esa vara, propongo cinco recomendaciones para transformar a SUSALUD en un regulador inteligente durante el periodo de gobierno 2026-2031.
01 Supervisión basada en riesgos
Un buen regulador no vigila todo por igual; concentra su energía donde el daño es más probable y más grave. Pasar de una supervisión que reacciona ante la queja a una que anticipa el riesgo —priorizando establecimientos, procesos y poblaciones más vulnerables— permite proteger a más personas con los mismos recursos. Regular con inteligencia es, antes que nada, saber dónde mirar.
02 Transparencia de resultados
La información que no se publica no protege a nadie. Un regulador inteligente convierte los datos en un bien público: indicadores comprensibles sobre la calidad y la seguridad de la atención, al alcance del ciudadano. La transparencia no solo rinde cuentas; alinea a todo el sistema hacia lo que de verdad importa, porque lo que se mide y se muestra, mejora.
03 Calidad y seguridad del paciente
El propósito último de la regulación no es administrativo, es humano: que quien entre a un establecimiento de salud salga mejor, y nunca peor. Poner la calidad y la seguridad del paciente en el centro significa que cada norma, cada supervisión y cada indicador se justifican en una sola pregunta: ¿esto reduce el daño y mejora el cuidado de las personas?
04 Decisiones basadas en evidencia
Regular a golpe de intuición o de coyuntura desgasta al sistema y erosiona la confianza. Un regulador inteligente decide con evidencia: usa los datos para diseñar sus intervenciones, evalúa lo que funciona y corrige lo que no. La evidencia no es un lujo técnico; es la garantía de que las decisiones sirven a la gente y no al ruido del momento.
05 Autonomía técnica con integridad
Nada de lo anterior se sostiene sin una condición: un regulador con autonomía e integridad, capaz de decidir con criterio técnico y libre de presiones. La independencia no es un privilegio del regulador, es una garantía para el ciudadano: solo un árbitro creíble puede exigir calidad a todo el sistema.
Estas cinco recomendaciones apuntan en una misma dirección: dejar atrás la lógica del control por el control y avanzar hacia una regulación que cuida. El Perú no necesita un regulador más grande; necesita uno más inteligente, más transparente y más cercano a la gente. Fortalecer SUSALUD, bien entendido, es fortalecer la confianza del ciudadano en su sistema de salud. Y esa confianza, al final, es la que sostiene todo lo demás.